viernes, 3 de agosto de 2012

Último café con Teresa


Siempre hay algo más importante que hacer y a la vez menos urgente que tomar un café con un amigo. Lo confieso por el dolor que me causa no haberme tomado el último con Teresa. Por haber ido posponiendo una cita y compartiendo solo algunos encuentros casuales cargados de buenas intenciones de futuro.
Teresa siempre me animó a escribir, no escatimaba energía para motivarme a escribir con el lápiz de Penélope que yo estrenaba entonces. Me ayudó y me dio confianza en esos tránsitos vitales en los que se agotó la tinta. Entonces ella sacudía y estimulaba la pereza y el miedo al papel en blanco. Era más entusiasta que yo.
En realidad fuimos tejiendo una intimidad improvisada en aquellas visitas que hacía a la redacción para acompañar a su marido, Juanjo, nuestro cronista gastronómico. Entonces nos empleábamos a fondo en conversaciones en las que invariablemente diseccionábamos con irónico estilete la actualidad. Le hacíamos la autopsia al Hola y a todos esos personajes que desfilaban por el escaparate de sus páginas que ella retrataba con lúcida mordacidad.
Pero era solo una evasión para una persona que reunía inteligencia y talento, y que desempeñó de manera brillante y con rigor su profesión, faceta que solo conozco de manera más ligera, puesto que yo he conocido a la Teresa afectuosa, cariñosa, divertida, locuaz, mordaz. Se que fue sobre todo una buena persona, que además forjó una trayectoria profesional relevante que cuenta con el reconocimiento de sus compañeros y del estamento jurídico.
Nos hemos reído mucho juntas, disfrutando yo de ese humor y esa ironía que gastaba a raudales, de sus sonrisas, de su afabilidad. Desplegaba una complicidad explosiva y una conversación enérgica y lúcida.

Las palabras causan un dolor tremendo aunque no se pronuncien. Lo se porque ayer me desperté con la lectura de su despedida en la prensa. Y por primera vez odié ser periodista, odié esa innecesaria falta de intimidad que ayer desnudó su adiós, y arranqué la página, la arrugué y la volví a estirar para volver a leer incrédula el dolor que escupían esos párrafos.

En su cuaderno vital quedan muchas páginas que ya no podrá escribir. Lamento no haber tomado más cafés, no haber llamado con mayor frecuencia, no haber disfrutado más de su compañía. Lamento que uno de sus sueños incumplidos haya sido escribir un artículo juntas, ácido, mordaz, vitriólico. De ese texto a dos manos que siempre imaginábamos construir. Lo han tenido que escribir mis lágrimas que hoy fertilizan este papel con otras emociones más sombrías que las que ayer quisimos inventar. 

jueves, 2 de agosto de 2012

Peligrosamente vulnerables


Un amigo en la infancia de su comunión compartió catequesis con un niño que, un día, cuando el cura planteó la archisabida cuestión ‘¿tú que quieres hacer de mayor?’, respondió con aplomo: “Vivir sin pensar”. Julito lo tenía muy claro. Acaso esas jornadas de catequesis iniciándose en profundidades tales como de donde venimos y adonde vamos habían confundido al pequeño, que solventó la duda entre razón y fe por la línea más corta y decidió aspirar a un futuro sin preguntas. Ya se dice que pensar genera mucha insatisfacción y el infante Julito decidió que la felicidad consistía en cuestionarse lo menos posible.  

Probablemente solo ese tipo de renuncia personal genera una sociedad capaz de dejarse dominar por los caprichos de los poderosos. El silencio puede ser cómplice de los peores males. Por ejemplo, si el Gobierno nos amenaza hoy con usar el artículo 155 de la Constitución, para tomar el control de las comunidades autónomas, nosotros podemos responder con el 35 y el 47, y reivindicar el derecho al trabajo y a una vivienda digna que nos asiste. Pero, si una vez más, nos callamos y dejamos hacer seguirán apelando únicamente a los derechos que les convienen y fabricando leyes nuevas a la medida de sus intereses.

Gracias a que en España proliferan los ‘Julitos’, el estado ha despojado a los más débiles de derechos y protección y, ahora, la mayoría de los ciudadanos de este país, somos marionetas de un ultraliberalismo feroz, estamos en manos de los poderosos que dominan un mercado que los políticos se niegan a regular para que puedan exprimirnos con todo tipo de tropelías, mientras nosotros nos atrincheramos en el silencio, en la mansedumbre o en el Chinchón, si es que aún podemos permitirnos olvidar las penas en la barra del bar.

Este país ha cambiado mucho en los últimos meses, y hoy no es ejemplo de nada. Se ha practicado una política de austeridad que consiste en despojar de derechos y amparo a los más pobres, para que los políticos y los ricos puedan seguir manteniendo sus privilegios. Como esos tres mil euros en taxi que pueden gastar los diputados nacionales que no tengan coche oficial, por mencionar un extravagante ejemplo.

Hoy nos dicen que el recibo de la luz tendrá un recargo de entre 50 y 90 euros al mes hasta diciembre, que a partir de septiembre se suma al incremento del IVA. Y los ciudadanos no bajamos los plomos en señal de protesta. No, cada vez más Julitos españoles admiten que su respuesta ha sido dejar de ver las noticias. Como si esta actitud, de ignorancia y pasividad, hubiera abierto alguna vez una puerta a la esperanza y la justicia a lo largo de la historia.

Somos, pues, una piel de toro mansa, sin efervescencia. Y eso nos convierte en peligrosamente vulnerables. No nos sacuden las injusticias, ni las primaveras revolucionarias, ni el espíritu de libertad de quienes se levantan en armas en Libia o Siria.

Hace trece días Bielorrusia fue invadida por un ejército de ositos de peluche. Un avión sueco cruzó el cielo lanzando cientos de muñecos con mensajes pacifistas. Bombardeaban de manera simbólica la dictadura europea del extravagante Lukashenko, con la que varios países de la UE tienen acuerdos comerciales. Por supuesto, también participa en Eurovisión y compite al fútbol en la copa de Europa. A los gobernantes de esta vieja Europa en catarsis poco importa que los bielorrusos no sean libres. Pero ya se sabe que el liberalismo ni tiene fronteras, ni escrúpulos.

miércoles, 1 de agosto de 2012

El lado oscuro del Mediterráneo


Todos los días, a las once de la mañana, la librería del Ministerio de Defensa cierra la media hora de café que se toma su responsable, una señora que trabaja de nueve a dos. Es un tentempié matinal difícil de digerir para el común de los ciudadanos. Pero si miramos para otro lado, hay algo obsceno en esas escenas de vacaciones en el mar de Marivent, donde la familia real flota indolente al calor del verano en yates de lujo y Sofía va de compras y conduce un Mercedes por las calles de Mallorca.
Dicen que han renunciado a utilizar el megayate Fortuna –no iba a llamarse Pobreza- porque llenar el depósito cuesta 26.000 euros, osea 65 subsidios para parados sin paro de los que se quiere cargar Rajoy. Y se han dado cuenta ahora del despilfarro, cuando han estado años tirando de la gasolina pública.
Lo más hilarante es que para aparentar falsa austeridad dicen que navegan en un ejemplar más modesto que rebajan al calificativo de lancha, a pesar de que en la proa cabe y sobra toda la prole de Urdangarín, siempre dando ejemplo. Si Iñaki no dimite de yernísimo, la alcaldesa de Alicante tampoco piensa dimitir si se confirma su imputación por tres delitos graves: Cohecho, tráfico de influencias y revelación de información privilegiada. En ese lado oscuro del Mediterráneo, a los hijos políticos de Camps y Fabra, no les parecen razones suficientes. Si hasta ha hecho falta un mandado judicial -contra el deseo de Rita Barberá- para que, treinta y seis años después de muerto, el dictador Franco deje de ser alcalde honorífico de Valencia.

En la capital del reino, Moliner empieza con mal pie en el Supremo: Invitando a comer al ministro Gallardón en el comedor construido por Dívar en la sede judicial y que no llegó a estrenar, con tanto ajetreo marbellí. Algún día el paranormal fenómeno Iker Jiménez podrá desvelar el enigma de por qué esta gente no puede reunirse en horario de trabajo y comer en su casa -a quienes le espere allí un plato, que cada día más recurren al comedor social-.

Tantos indicios de confianza en el país generan una réplica bipolar interna: Entre los pobres, incrementan la indignación; y entre los ricos, la fuga de capitales. En seis meses acaudalados ciudadanos de toda condición han sacado de España 163.000 millones.
El Comité de Derechos Económicos de la ONU asegura que la congelación del salario mínimo no permite un nivel de vida digno en España. Pero no pasa nada. La reina y sus nietos al sol de Marivent; Urdangarín en su palacete de Pedralbes; Moliner y Gallardón de sobremesa; el Gobierno de Cantabria encargando otro informe, y otro, y otro, así hasta que uno le de la razón y se puedan volver a abrir las cuevas de Altamira; Ángel condenado a vivir sin Paquita tras cumplirse la amenaza de un inútil y desconcertante exilio a Laredo; y pregonamos orgullosos que la Fundación Comillas tendrá una academia del agua, precisamente cuando el proyecto hace idem.

Todavía hay quien saca pecho y abunda en el descrédito. “En Cantabria no hay muertos que tengan su tarjeta sanitaria activa”, se felicitan quienes mandan. Lo grave es que hay vivos que tampoco la tienen.

martes, 31 de julio de 2012

De Pololas y Pitucas


Polola, Conchitina, Chachita, Coti, Maripi. Cada verano una brigada de ‘cuquis’ y ‘pitucas’ se asoma a las páginas de la prensa, en los pies de foto de esa feria taurina fracasada que ya está madurando recortes para próximos Santiagos. Este año ha costado tres millones de euros, y las ausencias en las gradas de la plaza han reflejado la falta de ánimo y de dinero para estos cuestionados espectáculos de sangre y arena. Solo los políticos resisten en la barrera, porque les sale gratis, igual que a la mitad del tendido.
En Santander, las entradas se regalan con alegría y solo algunos ingenuos sin recursos pagan por ir a los toros, al Festival Internacional y a los conciertos, en esa zona esperpénticamente denominada VIP, donde los del todo incluido gratis se hacinan a la caza de un canapé y una copa y se mezclan con cuquis y pitucas de norteño pedigrí. El que paga no es nadie.

Si la Feria se apaga, únicamente lamentaré que ese ejército de Maripis y Tinucas desaparezca como especie si no encuentra otro hábitat en el que reproducirse y lucir palmito. No se si en otras ciudades de España las señoras declinan sus nombres hasta derivar en Chini, Cani o Pitu, o si, por el contrario, es una seña de identidad de la burbuja SmartSantander que habitamos.

A veces me pregunto a qué se dedican las cuquis y pitucas de Santander en el invierno, durante los seis meses de tinieblas de Mordor que padecemos. Solo se que con los primeros flashes resurgen de su invierno y brotan espectaculares en los eventos de sociedad. Probablemente hasta nos distraen un poco de ciertas metáforas estivales de barquitos a la deriva en el mar de la prima de riesgo, a las que recurren políticos con poca chispa. Probablemente, Polola y Conchitina organizarían un rastrillo benéfico para comprar unas gafas de aumento a Rubalcaba, que ayer dijo que se ve con opciones frente al Gobierno de Rajoy.

Si yo quisiera desacreditar a alguien, diría de él que lee a Pío Moa. No concibo desvarío más grande. Ni siquiera dejar que te llamen Polola.

lunes, 30 de julio de 2012

Las cartas de amor de Ricardo Reis


Todas las cartas de amor son ridículas. Pessoa escribió esta frase en uno de sus poemas, después de haber escrito su primera carta de amor y probablemente desencantado por haber sucumbido a un enamoramiento al que renunció. Se llamaba Ofelia Queiroz y fue su único amor. Los amantes se batieron en un duelo de correspondencia hoy rescatada en un libro publicado en Portugal, que exhibe la intimidad que desnuda las cartas que se cruzaron el mayor poeta portugués y la joven burguesa.

No se quién de los setenta y dos Pessoas que habitan en él se enamoró de Ofelia. No se quién de esos setenta y dos heterónimos renunció a ella. Pessoa es una personalidad absorbente, insólita; un cerebro y un alma extravagantemente dividido, multiplicado en otros que inventó y alimentó en un estrafalario y potente desvarío lírico. Para crear, me he destruido, dijo de si mismo.

Pero yo tuve una amiga a quien, con frecuencia indesmayable, Ricardo Reis le enviaba mails de amor. Era un poeta enamorado de una estirada y flaca profesora enamorada de si misma. Él enviaba con regularidad deliciosas palabras de amor que ella descifraba con dificultad, tomando al pie de la letra su lectura, y que, por tanto, no prendían mecha de amor alguna.

Invariablemente los mensajes de Ricardo Reis, rechazados con pasmosa indiferencia por su destinataria, aterrizaban en la bandeja del mail del ordenador de mi trabajo. En aquel diminuto y compartido despacho que, por entonces, yo habitaba, esperaba con anhelo aquellas cartas de amor virtuales que me remitía mi amiga, aquellos versos que yo imaginaba hilvanados en una madrugada solitaria, iluminados por el humo de un cigarrillo, vomitados sobre un lecho de lágrimas de amor.

Ricardo Reis nunca defraudaba. Declaraba un amor férvido, impetuoso. Aquellas frases se conducían a través de impulsos furiosos, arrebatados. Su corazón prendía las palabras que, envueltas en las llamas de ardientes epítetos, viajaban hasta el correo de mi ordenador. Lo incendiaban todo y quebraron mi voluntad, hasta el punto de que un día empecé a responderle. A mi amiga le pareció estupendo que yo iniciase en su nombre una relación epistolar. Él escondido en Ricardo Reis, y yo metida en la piel de la pretendida profesora.

Empecé a esperar con anhelo aquellas cartas. Empecé a vivir para leer aquellas letras. Estaba absolutamente seducida por Ricardo Reis. Empleé todos mis recursos para no defraudarle y, en la distancia, nos acariciábamos con versos y palabras de amor. Lógicamente, comencé a leer a Pessoa para conocer mejor a Ricardo Reis. Nadie a otro ama, sino que ama lo que de sí hay en él. Me tropecé con algunas de sus frases verdaderas. Nada te pese que no te amen. Nada queda. Nada somos. Mi mismo recuerdo es nada, y siento que quien soy es quien fui. Ricardo Reis no volvió a asomarse a la pantalla de mi ordenador. Había cometido el error de llamar a mi amiga. La invitó a cenar. La profesora se convirtió en calabaza y las cartas de amor se interrumpieron abruptamente cuando la realidad reventó el ensueño.

A Pessoa le daban más pena aquellos que sueñan lo probable, porque tienen la posibilidad real de la verdadera desilusión. Por eso, él amaba los paisajes imposibles  y las grandes zonas desiertas de las llanuras en las que nunca podría estar. Yo también tuve un sueño imposible, cuando robé las palabras de amor ajenas al sucedáneo de Pessoa.

A veces me tropiezo por Santander con Ricardo Reis, que en realidad se llama Roberto, y escribe versos. Le saludo tímidamente; me empaña un pudor amargo, extraño. En el fondo es alguien a quien has amado ardientemente a través de sus palabras. Aunque él nunca llegue a saberlo.

viernes, 27 de julio de 2012

Chanquete espiritual y pan de molde


Habitamos un país de fuegos artificiales, toros y romerías estivales, a pesar de que una de cada cuatro personas no tiene empleo. Desolador escenario en el que Báñez, la mujer que en un fulgurante ascenso pasó de ama de casa a ministra sin periodo de prácticas, disparó ayer hasta el infinito y sin anestesia una de esas tracas que empequeñecen las fallas valencianas.
La señora consoló a los nuevos parados españoles diciendo que no hay motivo de alarma, porque solo el 55% de ellos verá recortada su prestación. Fátima, propietaria de seis pisos, una finca y un solar, no ha trabajado nunca en nada y es, además, es uno de los 63 diputados con piso en Madrid que cobran todos los meses 1.823 euros, además de su sueldo, en dietas por alojamiento.

La émula de Bibiana, aquella ingenua miembra que cubrió de ridículo al Zapaterismo, comprenderá perfectamente a la rentista Baronesa Thyssen que, después de vender un cuadro de su colección, ha pronunciado otra de las grandes frases del verano: “Soy muy austera. Con 25 millones de euros me da para vivir unos años”. Ambas competirán por el Nobel estival de la sandez, cada año más disputado por la competencia de los ex presidentes de las cajas, de Bankia e incluso de exreputados miembros de la judicatura como Dívar, a quien después de los fines de semana que ha disfrutado a cuenta de todos encima hay que pagarle 208.000 euros de indemnización. El alcalde de Santander los puede conseguir rápidamente porque en solo seis meses ha recaudado 1.321.000 euros en multas de tráfico y otros 245.000 euros retirando coches con la grúa.

Ruiz Gallardón se marcha unos días a Nerja, a revivir su Verano azul, y puede que en busca de un Chanquete espiritual que le aclare la bipolaridad ideológica que profesa. Afortunados huérfanos de su enfermizo afán de protagonismo, para atender la petición de la oposición siria –que busca un líder para comandar la transición- tendremos que recurrir a su fotocopia local, que dirige los destinos de Santander y está constantemente asomado a la foto. Cristina Kitchner ha considerado más rentable convertirse en mito y resucitar a Evita, que en el limbo del pretérito, ya no puede restar protagonismo ni votos y resulta, por tanto, una excelente evocación, ahora que se conmemoran los 60 años de la muerte de la controvertida mujer de Perón.

Pero, sin duda, una de las noticias más amargas y, sobre todo, desconcertantes del día es que Bertín Osborne reaparece en La 2. Esa sacrosanta cadena, hasta ahora preservada con extraordinario mimo como un paraje natural televisivo reservada para una minoría, se deja -al parecer- conquistar con desaliento por una de las celebridades que menos barniz de dignidad intelectual y profesional ha aportado al panorama nacional. Siento que esta decisión sacude los cimientos democráticos del país. Temo que si Bertín salta a la pantalla de La 2 metafóricamente se dinamita uno de los escasos referentes que atesoramos.
Tras esta operación intuyo un lamentable afán depredador hacia esta reserva espiritual marginal que, la verdad, podían haber aislado en su integridad para conservar un mínimo atisbo de dignidad catódica. Es solo un símbolo, pero provoca una convulsión desalentadora. Aunque, para ser justos, creo que este país empezó a no tener remedio el día que Punset se puso a anunciar Pan Bimbo.

jueves, 26 de julio de 2012

El horizonte eléctrico


Siria suda sangre y arde el conflicto del Congo en la frontera con Ruanda. Agoniza julio y Groenlandia se derrite. Y, como icebergs de lujo, los corazones helados de algunos compañeros de viaje como Esther Tusquets y Peces Barba -lúcidos, intelectuales, arrebatadores- migran hoy a la deriva de ese infinito incierto.
Esta noche en Santander vuelan otros pájaros, y Joaquín Sabina recuerda, muy bien entrevistado por Álvaro Machín, al capitán del Concordia que abandonó el primero el barco, como hacen los ricos de España en nuestra peculiar orquesta del Titánic, que los muy golfos –que diría el de Úbeda- están venga sacar los dineros al extranjero, fuera del redil del corralito nacional.
Anoche su verdadero enemigo íntimo, no Fito, sino Manolo Tena, a quien robó una novia hace algunas décadas, ejerció de metafórico telonero con un recital improvisado a golpe de orquesta de verbena que no sonó bien, que no transpiró emoción, pero que desde luego rebosó honestidad y excitó igualmente el recuerdo de nuestros felices y despreocupados años, cuando también el paro nos golpeaba con una dureza extrema y vivíamos sin móviles, ni protección solar, ni vuelos de bajo coste, ni bífidus, ni Internet.
Siento perderme el vuelo de los pájaros Serrat y Sabina, pero ya que son ricos y que profetizan que esto se hunde, podían habernos bajado un poco el precio del concierto porque una entrada equivale al excesivo precio de dos cedés y medio.
Reconozco que en sintonía con Groenlandia, por mímesis con su derretida capa de hielo, el ardor del estío me ha templado la pasión que me condujo a sus palabras y profeso cierto escepticismo ante tanto exceso de compromiso oral, puesto de moda por Urdangarín, que cobró 300.000 euros por un informe evanescente como un holograma.
Le ha emulado el alcalde socialista de Liérganes, que ha pagado 15.400 euros a un abogado por un informe verbal -cuya emisión en toda lógica no puede acreditarse fehacientemente- y que, para colmo, se usó como base para despedir a dos auxiliares de policía.
En Reinosa un albañil declara que el concejal de obras le pagó trabajos que no hizo y leo que el Gobierno de Zapatero gastó gastó 18 millones de euros en trenes para Feve que no pueden funcionar. Compruebo, pues, que España avanza a toda máquina y que –como dice un ciudadano que se llama Sergio y es mi primo- debemos ser el país más rico del mundo, porque pasan los años y todavía queda algo que robar.

Metidos en fiesta, un taxista revienta el alcoholímetro en plena carrera de la Semana Grande. El alcalde De la Serna sale a hombros por la puerta de la Federación Española de Municipios que, como el Senado, son organismos que aún están por demostrar su necesidad. Y en Calabria Covadonga dos clanes depuran asperezas a golpe de gatillo.

Lo suscribo. El futuro está en el horizonte eléctrico de los Deltonos. El mejor concierto del verano nos sopló un estribillo de viejas esperanzas para tiempos inciertos.

lunes, 23 de julio de 2012

El premio al ridículo del Gobierno de Cantabria y Caja Rural de Burgos


El silencio es más cómodo. Pero el periodismo no es oficio para cobardes. La verdad es que el viernes tuve un buen día porque, sin esperarlo, me comunicaron que había ganado la primera edición de un premio de periodismo de apoyo al comercio que organiza el Gobierno de Cantabria y Caja Rural Burgos.
Cinco representantes de cinco instituciones cántabras, Gobierno de Cantabria, Universidad de Cantabria, Cámara de Comercio, Caja Rural de Burgos y Asociación de la Prensa de Cantabria, decidieron por unanimidad otorgarme un premio que me causó –porqué no reconocerlo- enorme sorpresa y agrado.

El lunes, a las diez de la mañana, me llamaron para quitármelo. Un empleado de Caja Rural Burgos, el mismo que el viernes me alegró el día, farfulló compungido unas palabras inconexas de disculpa para acabar reconociendo: “Ya no tienes el premio”. “Yo doy la cara, pero son cosas del Gobierno”, añadió. Obviando el fallo del viernes, el Gobierno convocó otro jurado precipitadamente esta misma mañana. Ese jurado estaba deliberando otra posibilidad mientras el empleado me aseguraba que, en esta repesca, ya no iba a ganar.

Las bases del certamen dicen que es democráticamente inapelable. Pero me pregunto cuál de los dos fallos no se pueden apelar. Si el legal del viernes, o el apaño del lunes, porque a estas alturas hay dos actas firmadas, con dos fallos, con dos ganadores.

La verdad es que la actuación de Caja Rural Burgos solo confirma el estigma de corrupción que acompaña su nombre y el del resto de entidades bancarias que nos han conducido al abismo del rescate.

En cuando a la directora de orquesta, la señora Ana España, responsable de Comercio y Consumo del Gobierno de Cantabria, poco más se puede añadir a la falta de rigor que se desprende de su comportamiento, absolutamente impropio de un cargo público. Pero para qué pedir su cese, si vendría otra igual. A estas alturas de la película pública ya no nos creemos los mensajes de honestidad del presidente Ignacio Diego. Las palabras de los políticos están absolutamente desacreditadas, cuando son capaces de corromperse hasta en un asunto tan menor como éste. Qué no harán en asuntos más severos.

Supongo que este tipo de gente acostumbra a dictar veredictos a su voluntad aprovechándose de la pasividad de los ciudadanos, que nos callamos la boca y nos lamemos las heridas en casa.

Es solo un premio. Ni siquiera es importante. Un pequeño certamen regional. Un premio que he merecido pero que me niegan, supongo que para entregar a una pluma más afín, menos molesta, menos libre.

Pero yo con mi denuncia, con mis palabras, quiero seguir siendo incómoda. Ya me han despojado del galardón, pero no de mi pluma encendida y afilada. Quiero evitar que mañana le pase lo mismo a otro compañero. Quiero conseguir que el talento sea el único mérito que puntúe en la próxima convocatoria de este premio que acaba de desacreditarse por sí solo. Sirva este texto también como aviso a navegantes, para futuros e ilusionados participantes en próximas entregas.

Esta tarde a las siete y media en el Paraninfo de la Universidad de Cantabria le entregan a otro mi premio. Pueden ustedes ir a aplaudirle. 

viernes, 20 de julio de 2012

Fuegos artificiales


La cultura, penalizada ahora con el IVA máximo, es un lujo. Por eso nos quedamos en la charanga, que es igual de cara pero más evanescente y mucho más aplaudida; ligera de consumir. Entre San Fermín y Santiago se han aprobado unos recortes económicos que han desatado la ira de miles de ciudadanos que ayer se quitaron el pañuelo rojo, se manifestaron con camiseta negra y hoy se anudan la pañoleta azul para acompañar el pistoletazo de la Semana Grande de Santander. Son inexplicables momentos de tregua y pandereta en medio de un escenario catastrófico, en un país rescatado, hundido, podrido que no sabe si mañana podrá pagar a sus funcionarios, pero que antepone la prioridad de la verbena ante la oscura realidad.
Llega el verano y todo parece recuperar ese frenesí festivalero de los felices años cumplidos; se puede renunciar a las becas, a aliviar la dependencia de nuestros mayores, a los subsidios de desempleo; podemos tragar con una menor y por tanto peor asistencia sanitaria, menos profesores, más IVA, menos trabajo. Pero la fiesta es sagrada y así, se van sucediendo las romerías con una alegría y un despilfarro sangrante, digno de mejores tiempos, en una estúpida inercia de banderolas, gigantillas y churros, como si de verdad tuviésemos algo que celebrar en tiempos de tanta necesidad.
Las familias ya pagaremos la subida del IVA sobre los consumos de luz, agua y teléfono de julio y agosto, y cuando llegue septiembre el material escolar de nuestros hijos habrá subido de precio, como casi todo. Pero no podemos renunciar a un verano sin fuegos artificiales.

El rey de España, que no está para mucho sacar pecho, se jacta de que otra persona en su lugar estaría de baja recuperándose la cadera y no de viaje oficial en Rusia. Se equivoca otra vez, otro en su lugar estaría jubilado, que es el destino más inmediato y redentor para un señor que a la vejez se ha soltado la coleta y no para de provocar a los ciudadanos desde su atalaya de sangre azul. Y Francisco Camps imparte clases de responsabilidad política en una universidad de verano. Estos fenómenos, entre otros, explican que la prima de riesgo española suba como los cohetes y chupinazos. A toda mecha; que es como prenden los absurdos y las incongruencias.

jueves, 19 de julio de 2012

Romerías de emprendedores


Dice hoy la prensa que el Gobierno suprimirá en agosto la ayuda de cuatrocientos euros a los parados sin prestación, pero también dice que a quienes mandan en Cantabria solo les preocupa que Revilla vaya a encabezar la manifestación de esta tarde contra los recortes. Al parecer, ahora, además de la tijera podadora del malestar, ejercen la potestad de decidir quién se manifiesta y quién no, como si ese derecho emanase de su voluntad política y no de la Constitución.

La cuestión no es quién protesta, sino por qué. Y no conviene descender más de escalón. El mismo partido que hoy asegura sentirse avalado por una mayoría silenciosa que se queda en casa, en anteriores legislaturas tomó la calle, como es natural, para defender y protestar acerca de todos aquellos asuntos que creyó convenientes, especialmente los concernientes a la moral, que es ya en lo único –y poco- que se puede diferenciar de los anteriores.

Por supuesto, ante esta situación, no le preocupa nada que don Mariano, que compatibiliza su cargo de presidente del Gobierno con su condición de diputado por Madrid, además de su sueldo siga cobrando mensualmente del Congreso un complemento de 870 euros para gastos de alojamiento y manutención, cuando vive en Moncloa. Esto supone que solo Rajoy se queda -sin corresponderle- con más de dos prestaciones de parados al mes de esas que van a suprimir.

Tampoco suscita rechazo alguno que vayamos a costear las vacaciones en Marivent a Cristina de Borbón y a sus cuatro hijos, con la de imputaciones que le están cayendo al cabeza de familia y con las cuentas a nombre de la infanta con dinero procedente del Instituto Nòos que se están descubriendo. 

Hasta las romerías han perdido entidad, y en lugar de verbena con orquesta este verano se organizan romerías de emprendedores, como en Corvera de Toranzo, donde exploran este formato innovador para tiempos de crisis.

En fin, la vieja historia se repite. María Antonieta Fabra lanza exabruptos y come pastelitos rosas en el hemiciclo mientras el pueblo, a las puertas del Congreso, pide pan detrás de las vallas, como impotentes espectadores de un circo contemporáneo con muchos payasos tristes.