jueves, 28 de junio de 2012

Un hombre sin corazón


Un hombre checo vive sin corazón, como una tangible y brutal alegoría del existencialismo que rezuma la insoportable levedad del ser de su compatriota Kundera. Podemos existir y ser sin corazón, sin ese motor de la vida que metafóricamente custodia los sentimientos. Este hombre ha sido desprovisto de él, respira sin pulso y siente sin corazón, adherido a un par de válvulas conectadas a dos baterías que funcionan con pilas. Un corazón artificial que no le ha desprovisto de sus emociones porque el auténtico motor sentimental es el cerebro, especialmente el de los médicos que han diseñado este ingenio mecánico transitorio, a la espera de poder ejecutar un transplante.

No somos quienes para cuestionar el existencialismo que abanderó Kierkegaard y que Unamuno destiló en su narrativa, pero llevado a su extremo nadie queremos dejar de vivir por más inútil que nos parezca la existencia, por más dudas y más preguntas que nos hagamos.
El propio Kundera se cuestiona si la casualidad condiciona la existencia, como si una concatenación de pequeñas cosas diese como resultado un fin ajeno, e incluso extravagante. Todo podría ser casualidad y, precisamente, esto convierte en absurda la existencia, la dieciocho edición de los Baños de Ola, las competiciones de canicross y hasta los planes para el fomento del empleo.

El azar quiere decir que no hay causa que lo determine, y en esta incertidumbre es precisamente en lo que podemos creer, necesitamos abrazar la duda. Por eso mañana ya se ponen a la venta los primeros billetes de la lotería de Navidad, porque confiamos en que la casualidad cambie nuestras vidas, que al parecer –y revisando las proposiciones existenciales- no están determinadas por nuestra propia naturaleza humana en general, sino por la de una influyente tropa de avariciosos.

En tiempos tan ásperamente prosaicos, donde la única filosofía es el dinero, algunos aún creen en un falso jeque, que ni existe ni es, pero que simula una falsa realidad tangible para estafar, entre otros, a los propietarios del Getafe. Otros viajan a Málaga para abanderar la corrupción aplaudiendo a la puerta de los juzgados a la imputada Pantoja, que sigue la tradición de La Faraona en el banquillo, exhibiendo sin complejos la inutilidad de su existir sostenida por la hipocalórica gastronomía del corazón de la prensa rosa.

Ahora que nos anuncian que podemos vacunarnos contra la nicotina, y a falta de un antídoto contra el olvido, la buena noticia es que con un poco de suerte dejarán de recetarnos pastillas para no soñar. Y podremos empezar a imaginar una esperanza, a fantasear una arquitectura existencial más allá del dogma de los mercados financieros.

miércoles, 27 de junio de 2012

A media luz


Caja Cantabria ya es basura. Lo certificó ayer esa fábrica de descalificaciones que nos somete a la tiranía de un escrutinio permanente que se apellida Moddy’s, el oráculo, una máquina de forjar malas reputaciones que poco importan a una entidad enfangada ya en un sainete, con un presidente cesado atrincherado en el despacho –como Ángel el de Paquita en La Pereda, pero con un motivo notablemente más innoble- y un cuadro de intoxicación por preferentes, que ahora el comisario Almunia, en un ataque de falta de lucidez, plantea que resuelva el estado, cuando quien disfruta de los fondos vitalicios de una manada de ilusos son los propios bancos.
En medio de este panorama, Caja Cantabria no desiste de vender porquerías financieras y se ha inventado otro fondo de inversiones Liberbank Campeones Garantizado de renta variable con una cesta de acciones de compañías que patrocinan los juegos olímpicos. Un salpicón bursátil más para atravesar tiempos turbulentos.

Caminamos por el descrédito a oscuras, porque la luz sube como la maldita prima de riesgo –ahora un cuatro por ciento más- porque todo es un fracaso, todos pierden dinero y no se sabe dónde está todo aquello que, al parecer, ganamos cuando éramos mejores. La ministra Mato dejará de financiar 456 medicamentos, entre ellos los laxantes, inútiles desde que todas las mañanas el paroxismo económico nos provoca el mismo efecto que una feroz concentración de bífidus.
Nos recomiendan volver a los remedios caseros y de paso nos empluman un impuesto ecológico sobre los carburantes, gravados ya con el céntimo sanitario, al que llaman céntimo verde y que, por supuesto, no es un céntimo sino mucho más. En realidad, es el Estado quien necesita combustible porque ha agotado en cinco meses su margen de déficit para todo el año.
Nos quitan hasta el tiempo. El ingenuo Gallardón, en la nueva ley de Enjuiciamiento  criminal, quiere limitar a un mes el secreto de sumario para evitar filtraciones, como si esta cláusula temporal fuese capaz de impedir la permeabilidad de las exclusivas judiciales.
Hasta el olvidado padre Apeles ha caído en el pozo de la desesperación y se ha atiborrado de pastillas, tras confesar hace unos meses que empinaba el codo más de la cuenta. No es de extrañar, el culebrón del Vaticano deja en ridículo los retorcidos guiones del ‘Sálvame’.

martes, 26 de junio de 2012

Solución fracasada


El diario francés Le Monde va a incluir a Belén Esteban en un reportaje sobre fenómenos televisivos del mundo. Disfrazada de musa gay en la portada de Interviu, el oráculo de San Blas también se traviste en lo político al afirmar: “Cuando he tenido que ser del PP lo he sido, pero también he sido del PSOE ¿eh?”. Como si esta bifurcación del ser y no ser, de a quien quieres más a Rajoy o a Rubalcaba, al Madrid o al Barcelona, a papá o a mamá fuese una imperiosa dicotomía intelectual en blanco y negro, que la Esteban resuelve el tablas. Cómo si la ausencia de matices fuera una constante y solo pudiésemos elegir entre el blanco y negro. Como si Paraguay solo mereciese escoger entre Lugo y Franco, y Egipto entre Mubarak y Mursi, sin posibilidad de recurrir a la gama gris, un espectro más amplio y menos polar.

Peor está España, que solo puede conducirse en una dirección, por la solución fracasada de someterse al dictado del rescate -que ha disparado la prima de riesgos, ha rebajado a bono basura a casi todos los bancos- y a una Bolsa que ya solo fluye en vaivén negativo, contrariamente a la egipcia, cuyos valores se han disparado en positivo con el anuncio de la victoria electoral. Nadie sabe qué tecla hay que tocar para que dejen de sonar las alarmas bursátiles, que parecen funcionar al albur de la casualidad, o impulsadas por los vapores de una nueva variedad de marihuana, tal vez, oportunamente bautizada con el nombre de un orgulloso Charlie Sheen.

Tanta perplejidad está engendrando un tsunami de considerables dimensiones. La OLA de Santander engullirá 3.196 plazas de aparcamiento más. También contribuirá al maremoto el IVA de Mariano, que subirá un diez por ciento los impuestos de alimentos, hostelería y vivienda, dicen que como consecuencia del rescate a la banca.

Ayer mismo Chipre pedía auxilio y, pese a que Europa no hace más que avivar fuegos financieros con sus rescates, ahora invoca una intervención militar en Siria, un polvorín más complicado que las artimañas bursátiles a donde, por cierto, y como acostumbramos, los civilizados de occidente llegamos mal y tarde.

lunes, 25 de junio de 2012

La energía oscura


San Juan decidió tomarse a pecho la orgía de fuego nocturna y, ya vencido el solsticio, prendió mecha a la plaza de Abastos de Reinosa cuya vetusta estructura ardió con una fiereza inusitada hasta desnudar su esqueleto. Al mismo tiempo, un peatón dio positivo en la prueba de la alcoholemia tras ser atropellado por un autobús municipal en Santander, y en un nuevo delirio provocado por la magia de la noche, al día siguiente una anciana ha tenido que ser rescatada por la policía cuando circulaba por la S-20 en silla eléctrica.
Estamos a un paso de conocer los secretos más oscuros del universo, amenaza un científico desde las páginas de un periódico. Europa, que se dedica a asuntos más productivos que descontrolar el euro, amedrentar gobiernos y estrangular países, ha dado luz verde a una misión para estudiar la misteriosa energía oscura que compone el 73 por ciento del universo. Intentarán averiguar por qué la velocidad de expansión del universo aumenta, en lugar de desacelerar, que al parecer seria lo lógico. Algo equivalente a tratar de desentrañar por qué no somos capaces de superarnos como especie a la hora de organizar la distribución de recursos y de orquestar un sistema social de convivencia.
Algunas especies progresan aceleradamente por ese lado oscuro al que cada vez se adscriben más voluntades, como Urdangarín que cobró tres millones y medio de euros por organizar unos foros en Valencia que costaron 420.000 euros. No es de extrañar, por tanto, que una misión de la eurocámara viaje a España para verificar cómo se gastan las ayudas europeas, porque somos uno de los países donde se han detectado más errores en la gestión de las subvenciones comunitarias. No, no somos tan distintos de Grecia, donde el solsticio de verano también ha hecho estragos entre sus dirigentes, al primer ministro se le desprende la retina y al ministro de Economía le da un ictus. Si, por favor, investiguen esas energías negras, esos vórtices financieros, los esperpentos de ultragalaxias. Quizá por ese camino descubramos la esencia del sentido común.

viernes, 22 de junio de 2012

La conciencia artificial


Hoy, al fin, una estadística reconoce lo que todos sabemos, que el 76% de los estudiantes salen de la ESO sin saber inglés, después de haber aprobado esa asignatura durante diez años consecutivos. Es curioso que para cerciorarnos necesitemos recurrir a un estudio, cuando hasta ahora hemos convivido con este fenómeno de ignorancia con absoluta naturalidad.
La pregunta es, si una vez detectado ya oficialmente, alguien va a hacer algo por corregirlo, en paralelo a lo que ocurre con el escandaloso caso Dívar cuya dimisión no puede darnos por satisfechos. La renuncia del ya expresidente del Consejo General del Poder Judicial no cierra el círculo sino que abre la puerta a la solución de un problema que hay que atajar de raíz. Lo importante ahora es exigir que este órgano acuerde las iniciativas necesarias para que lo que ha hecho Dívar sea de ahora en adelante ilegal, y no solo amoral.
Como en el inglés, nos resignamos al fracaso con demasiada facilidad, y nos conformamos con un chivo expiatorio como si esta fuese la solución al problema, sin darnos cuenta de que el siguiente tiene la oportunidad e incluso el derecho a comportarse de la misma forma, a gastar dinero público sin necesidad de justificarlo.

Es más, una vez que ha caído el telón sobre el sainete Dívar, ya le ha salido un imitador, otro fanático compulsivo de pagarse caprichos viajeros con fondos públicos, el defensor del pueblo catalán se ha puesto gallito y anda voceando por ahí que le parece normal haber gastado miles de euros en una decena de exóticos viajes internacionales. Lo peor de ambos elementos es que lejos de avergonzarse se declaran víctimas, cuando deberían aplicarse las palabras de Asimov: Nunca dejen que su sentido de la moral les impida hacer lo correcto. Especialmente cuando la laxitud de lo moral, como normalmente ocurre, tiene una causa material.

Los españoles deberíamos hacer como la Universidad del País Vasco, que creará la figura del susurrante para traducir al oído a los que no entiendan la lengua vasca. Nosotros también deberíamos disponer de un ejército de susurradores que actúen como la conciencia artificial de nuestros cargos públicos y les vayan soplando lo que pueden y no pueden hacer, para enderezar su espíritu y preservar nuestros bolsillos de sus desmanes.

Mientras tanto, nos siguen tomando el pelo. Metidos en gastos, las auditoras que han calculado que el rescate bancario debe alcanzar los 65.000 millones de euros, cobrarán otros dos millones de euros más por llegar a esta conclusión basada, para más escarnio, en los datos de los informes que ellos mismos han realizado para el Banco de España. 
La adversidad es una prueba de principios. Sin ella, no sabemos si somos honestos o no, y los ejemplos que nos muestra la actualidad no invitan al optimismo. Aunque, probablemente, tampoco fuimos mejores.

jueves, 21 de junio de 2012

Los espejos rotos


Se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia. Ayer se presentó en Santander un catálogo de recuerdos marchitos, de la memoria quebrada de la ciudad, de ese patrimonio destruido de Cantabria; un libro cuyas páginas caminan por las estampas de ese olvido en el que se diluyen identidad y experiencia.

A juzgar por los vacíos que se resucitan en este tránsito gráfico somos una sociedad que constantemente se enfrenta a su memoria para destrozarla o reinventarla, como una y otra vez volvemos sobre el tópico excedido de los baños de ola, que no son más que una anécdota en nuestro pasado de pescadores y comerciantes, realidad demasiado prosaica para una biografía inventada que resucita la ciudad como mero escaparate acotado en este breve tránsito histórico, revestido de un engreído oropel.

Los profesores universitarios que han compilado este catálogo de patrimonio fracasado creen que la ignorancia y la especulación impiden que conservemos nuestros edificios, esculturas o paisajes. Fruto de una sociedad que se enfrenta al espejo del tiempo con demasiada frecuencia y que busca reinventarse a través de constantes cambios de pavimento, que como nuevos ricos no otorga valor al pasado sino al presente continuo que condiciona, y la vez condena, el físico de la ciudad que queda al desnudo en este libro cuyas páginas caminan por ese patrimonio perdido

Gracias a la memoria se da la experiencia, dijo Aristóteles. Quizá por eso, en ausencia de referentes del pasado, el paisaje urbano de Santander está salpicado de errores, de tachaduras, de repuestos, de traspiés que la desvisten de identidad, que la sacuden de sus raíces. Así es como Santander, desprovista de esencia propia, solo aspira a copiar otros escaparates urbanos mientras, perezosa y presumida, se solaza mirándose en el espejo de esa bahía que exhibe como tierra conquistada, que achica y que ahora quiere invadir para conquistar otro futuro. Siempre destruyendo para volver a crear, o forzando rehabilitaciones fallidas –barbaridades, dicen los autores del libro- que se esconden bajo la etiqueta de centros de interpretación, como la recuperación de la Batería de San Pedro del Mar, o la del Palacio de Pronillo.

El paseo por el libro es desasosegante. Es un relato de oportunidades perdidas para la ciudad y la región que ahora se tiene que reinventar, allí donde antes arruinamos nuestro pasado, con teleféricos, campos de golf, parques temáticos del motor y de espeleología, centros de interpretación de delirantes temáticas y muchos más hoteles.

Somos raros. Escondemos en el sótano los fondos de nuestro museo de Bellas Artes para vestir sus paredes con instalaciones contemporáneas de cuestionable agrado, modernizamos el interior de la casa de Menéndez Pelayo para borrar lo que fue, condenamos a chatarra la draga de Gamazo, derribamos edificios con demasiada ligereza, cambiamos una y otra vez las losetas de las calles principales.

Luchamos contra el tiempo con la misma fogosidad con que Isabel Preysler se aplica botox, toda vez que ha consagrado su vida a morir estirada. No se por qué no podemos ser la ciudad que fuimos, con las arrugas del tiempo envejeciendo el mapa urbano de nuestra memoria, lamiendo las piedras, desgastando las fachadas, forjando nuestra historia.
Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos. Dijo Borges.

miércoles, 20 de junio de 2012

Los platos rotos del fracaso


La verdad es que montar un banco, y hasta gestionarle mal, es un negocio seguro. Si la entidad, podrida hasta el tuétano, está a punto de derrumbarse y propagar su fétido balance, ni sus dueños ni sus empleados tienen que salir a la calle a reclamar que les salven, golpeando las sartenes que antaño nos regalaban a los ingenuos que firmábamos créditos sin solvencia alguna.

Al sector financiero le llueven los millones casi sin abrir la boca y hasta Europa exige que se les salve, algo que no sucede con el resto de las empresas. Ya pueden caer compañías, cadenas de establecimientos comerciales, aerolíneas o importantes constructoras. Ni sus accionistas ni sus trabajadores serán tratados con el mimo exquisito con el que se trata a los bancos. Así, la reducción de las ayudas a la poca actividad minera que queda en este país, supone una enorme sangría para muchas familias que viven de ella y que no pueden reciclarse en medio del torbellino de la crisis. Solo piden 200 millones de euros, que con las magnitudes que nos chupan los bancos no es más que el aperitivo de Bankia. Pero proceda o no el rescate a los mineros, el Gobierno ha decidido ignorarles. No son nadie, no son accionistas de entidades financieras, no son gestores políticos al frente de cajas, y en Europa tampoco a nadie le importa el estado de miseria que puede generar el fracaso de las explotaciones mineras.

Los mineros y sus familias, como el resto de ciudadanos que tampoco serán rescatados, no solo perderán su trabajo sino que encima pagarán los platos rotos del fracaso del negocio bancario.
Ayer las mujeres de mineros acudieron al Senado a protestar coincidiendo con el debate para recortar un 63% las ayudas al carbón. A algunas de ellas las obligaron a quitarse las camisetas negras de protesta a la entrada, arrebujadas en un rincón. Otras accedieron a la tribuna de invitados, pero fueron expulsadas cuando empezaron a protestar, porque ya se sabe que en estas tribunas las algaradas solo son democráticas cuando las protagonizan los legítimos representantes del pueblo. Como ese senador popular de León, Juan Morano, quien, elegido para defender los intereses de los leoneses, ayer votó en contra de ellos siguiendo esa cautiva e inútil disciplina de partido, cuando horas antes había anunciado que apoyaría la reivindicación minera. Lo peor fue la justificación, que debería haberle costado un abucheo mayúsculo: “Ha sido un lapsus, no me he enterado. Mañana votaré a favor”.

Y entonces, una vez más quedó en evidencia que los senadores, como los congresistas, no representan los intereses de los ciudadanos, sino los de sus partidos que, por desgracia, no son coincidentes.

Adidas debería rectificar y no dar marcha atrás en su idea de sacar al mercado esas polémicas zapatillas esclavas, con grilletes, para que señores como éste puedan pasearse con ellas por el Senado, haciendo su propia penitencia o exhibiendo su propia prisión, esa falta de libertad de pensamiento y de obra que le reivindica como monigote de un baldío sainete político. 

martes, 19 de junio de 2012

Fluye el descrédito


Aunque dicen que lo que distingue al hombre de los animales son las preocupaciones financieras, cien foniatras han pasado el fin de semana en Cabárceno estudiando el rugido del tigre, que puede escucharse a ocho kilómetros de distancia sin recurrir a la vuvuzela, para aprender cómo potenciar la voz de los cantantes de ópera.
La técnica, de resultar eficaz, podría aplicarse a quienes nos gobiernan que encontrarían asi el altavoz necesario para difundir sus argumentos sin necesidad de desperdiciar el papel de los periódicos que, a su vez, liberado de esa tiranía, podría emplearse en dar voz a los ciudadanos y a sus preocupaciones y problemas reales, y no a esa suerte de comunicados oficiales que nos vemos obligados a digerir.
Me pregunto cuándo será el día en que los periodistas volvamos a decidir qué es noticia, sin esperar a que las máquinas de fabricarlas se activen todas las mañanas en los despachos oficiales. Entonces, tal vez más ojos se posen sobre la lectura de la actualidad, cuando se hable de realidad y no de esa ficción bautizada de polémicas inútiles, debates sutiles, argumentos de laboratorio de ideas, frases descafeinadas e intereses. Especialmente, intereses.
Extrapolando el diálogo de sordos entre ciudadanos y poder a la minúscula partícula de lo local, dicen hoy los periódicos que ayer, en una reunión, el alcalde habló en ese peculiar argot de hojas de ruta, de algunos hitos ‘ilusionantes’, del frente marítimo, del Plan General de Ordenación Urbana y de las inversiones por valor de 65 millones de euros. Los vecinos respondieron preguntando por el ruido que hacen las gaviotas, el campo de fútbol de Cueto y el mal funcionamiento de la recogida neumática de la calle Castilla, que al parecer, es lo que les preocupa, no los discursos de quienes les gobiernan.
Han conseguido minarnos trasladándonos su preocupación, arrastrándonos al abismo de la Bolsa, las primas, los riesgos, los mercados y toda esa parafernalia diseñada para fabricar dinero artificial que les ha hecho ricos y de la que, ahora, formamos parte.
Intentan que hablemos su lenguaje, que nos comportemos como si todos hubiésemos jugado en la ruleta de la especulación y hubiésemos abusado del dinero público, que nos sintamos víctimas de un sistema que nunca amparamos y del que nunca nos beneficiamos.
Y ahí estamos, suministrando con ardor el ibuprofeno para que le baje la fiebre a la prima de riesgo, asumiendo recortes, pagando más por las medicinas, por la gasolina, la luz, los impuestos. Nunca estuvimos flotando en la abundancia dentro de su burbuja, y si alguna vez nos cobijamos de una llovizna bajo su paraguas, eso no nos convierte en cómplices de la tormenta financiera que desató su ambición, ni de las plagas que ahora nos envían los mercados que utilizaron para fortalecer su patrimonio.
Nos niegan lo que somos, ciudadanos mucho más decentes que ellos. Y nos quieren conducir otra vez por las mismas carreteras secundarias, ahora a menos velocidad. Un anuncio en la prensa declama triunfante que podemos tener un Lexus por 175 euros al mes, como en los viejos tiempos, con una letra pequeña que hipoteca hasta el aire que respiramos. Otra publicidad ofrece préstamos instantáneos de hasta seiscientos euros solo con el DNI, sin vender ni empeñar nada. ‘Los que se anticipan llegan más lejos’, nos seduce un anuncio de una agencia de viajes. Hasta rebajas del 50 por ciento para casos de impotencia sexual y eyaculación precoz. Parece que, nuevamente, ha empezado a fluir el descrédito. 

lunes, 18 de junio de 2012

El camino de vuelta


La vida está llena de incertidumbre y no tenemos agencias para calificar todos estos riesgos, ha reconocido en Santander el premio Nobel de economía Thomas Sargent. Ni la inestabilidad política griega, ni el agujero de Bankia, ni el posado veraniego de Ana Obregón, ni la falta de credibilidad de Zapatero. Se han agotado las excusas y la prima de riesgo continua ascendiendo con la fuerza de un cohete en un viaje hacia la incertidumbre y la desolación.

Grecia seguirá sufriendo en Europa, como Dívar hoy confiesa que su corazón sangra “por los jueces sencillos que trabajan en las mismas condiciones en las que yo he trabajado durante muchos años”. Imagino que se compadece de quienes nunca saborearán las mieles de los fines de semana gratis en Marbella. Incluso ahora que el Papa acaba de reconocer que los pecados de los sacerdotes han minado la credibilidad de la iglesia, Dívar se mantiene atrincherado en la soberbia de justificar lo injustificable, que son esos dispendios gastronómicos y hosteleros; como la inmortalidad estética de Álvarez Cascos, que nos va costar 190.000 euros, el precio del retrato que encargó al pintor Antonio López para que ilustre la galería de ministros.

¿Dónde está el error? Nos decían que en la burbuja de la construcción, ayer se culpó a los bancos, y hoy solo nos queda cuestionar a quienes nos gestionan en todos los ámbitos, en un desesperado intento por obtener alguna certeza. Un estudio desvela que España es el país con más políticos por habitante de Europa, una dilatación perfectamente inútil a la vista de los resultados.
Si ponemos la mirada sobre el propio aparato administrativo descubrimos enteleridos que los sueldos de los tres millones de empleados públicos que hay en España son mayores que lo que se recauda en impuestos. Para pagar a funcionarios, políticos y asesores se necesitan 123.000 millones de euros, la totalidad de los ingresos por IRPF e IVA, más la cuarta parte del impuesto de sociedades.

Pero todo puede ir a peor. Además del asedio al Peñón nos está próximo a invadir el pez conejo, un nocivo ejemplar herbívoro –voraz como los mercados financieros- que arrasa el Mediterráneo y avanza desde Sicilia para conquistar España, mientras el jefe del estado se ausenta a los emiratos para ir a un funeral, en gratitud a los dos Ferraris que guarda en su real garaje, e intenta colocarles 300 tanques militares con tecnología española.

Si hemos superado un camino plagado de mejillones cebra y mosquitos tigre, podremos también con la temible amenaza del pez conejo, sobre todo si dejamos en manos de los más inteligentes las riendas del país. Y el Nobel de Medicina Sidney Brenner ha dicho que el pulpo –además de tener la habilidad de elegir al ganador del Mundial de fútbol- es el primer organismo inteligente de la Tierra, que además tiene el mismo número de neuronas que un ratón, lo que al parecer garantiza cierto nivel de eficacia cerebral. Podemos invocar a que otros organismos con genomas más complejos que el nuestro resuelvan este jeroglífico financiero, político y social. 
Mientras tanto, Siria estalla en sangre, Grecia guarda el dinero bajo el colchón, Rusia se enfrenta a un nuevo zar y Europa trata de recorrer el camino de vuelta a casa a través del sendero de migajas que ha dejado el capitalismo salvaje que hemos alimentado. Solo queremos volver a ser lo que éramos, para volver a caer en lo que somos.
Hoy un historiador rescata estas palabras en la prensa. “Sí que existe una lucha de clases”, comentó Warren Buffet, el hombre más rico del mundo. “Y gana la mía”.

viernes, 15 de junio de 2012

Prisioneros de la libertad


Cuando las palabras pierden su significado, la gente pierde su libertad. He pensado mucho acerca de esta cita de Confuccio en los últimos tiempos, cuando parece que hay que disfrazar con eufemismos la realidad para atravesar escenarios complicados por encima de la crudeza de los términos.

De repente en un periódico me he tropezado con un científico, determinismo en estado puro, que dice que el hombre no es libre, no porque haya perdido su condición, sino porque no lo ha sido nunca. No lo dice un filósofo, ni un jurista, ni un político, ni un sociólogo. Lo afirma un hombre de laboratorio que es, donde, al parecer, después de tanto proteger y reivindicar las libertades individuales, se ha certificado que no existe el libre albedrío, aunque no por un vacío de significado de las palabras, sino por una cuestión menos filosófica de pura física y química.

Algo de eso habíamos notado ya con la influencia de los medios de comunicación y la publicidad, factores externos muy potentes a la hora de condicionar nuestra voluntad con la misma firmeza que el Eurogrupo influye en la política económica nacional.
Pero el neurocientífico Gazzaniga habla de algo muy distinto, llega a defender que las personas tomamos decisiones de la misma forma que el cuerpo nutre nuestra piel; de forma inconsciente y predeterminada. Como Spinoza opina que las decisiones de la mente no son más que deseos, y que nos creemos libres porque no somos conscientes de nuestras voluntades y deseos; pero ignoramos las causas por las cuales somos llevados al deseo y a la esperanza. Para Schopenhauer la causa está en el carácter, que determina nuestra conducta durante toda su vida y que no podemos cambiar. Hobbes va más allá porque añade que la voluntad no es algo libre o no libre.

Pero al parecer, aunque queramos hacer una cosa, acabaremos haciendo aquello que está escrito en nuestro código genético, bien sea por herencia o por experiencia. Aunque Locke –que no creía en el libre albedrío y tampoco en el determinismo- consideraba que la capacidad de actuar voluntariamente consiste en que las personas antes de tomar una decisión deliberamos sobre las consecuencias de tomar o no esa alternativa. Precisamente lo que defiende este científico en el periódico, que aunque no existe el libre albedrío nuestras decisiones vienen en gran parte influidas por la reacción que intuimos al interactuar con otras personas, lo que quiere decir que calculamos los efectos que va a generar antes de tomarlas.

Para Pitágoras no es libre el hombre que no puede dominarse a sí mismo, para Horacio quien no domina sus pasiones y para Montaigne la verdadera libertad también consiste en el dominio absoluto de sí mismo. Si nosotros pensamos por nosotros, es decir, si nuestro cerebro decide milésimas de segundo antes que nosotros, no somos libres. La buena y la mala noticia es que entonces tampoco somos tan influenciables.

Albert Camus dijo que la libertad no es más que la oportunidad de ser mejor. La libertad está unida a los principios de igualdad y justicia cuando, en realidad, no es más que la capacidad de elegir según voluntad propia. Pero nada asegura que esa voluntad obre de acuerdo con grandes valores universales como la verdad y el bien. Grandes defensores de la libertad, como Obama y todos los que inician una guerra, la acaban utilizando como licencia para matar; igual que los mercados defienden la libertad de ganar dinero de los ricos a costa del alto precio que pagan los más pobres.

Tal vez lo más sorprendente del discurso del neurocientífico del periódico es que dice que una persona no es más que un relato sobre si mismo urdido por el hemisferio izquierdo en su cerebro. Una interpretación de nosotros mismos que va creciendo con el tiempo. Ya lo avanzó Sartre, el hombre está condenado a ser libre, a hacerse a sí mismo, por eso nadie llega a ser nada que no haya elegido ser. Por eso cada uno de nosotros alimenta las páginas del cuaderno del hemisferio izquierdo de su cerebro.