lunes, 10 de septiembre de 2012

Ardientes desvaríos


Qué mal acostumbrado están los franceses. El hombre más rico del país se les fuga a Bélgica para pagar menos impuestos y esta circunstancia desata un cabreo monumental en el país. Aquí, en la ínsula de Barataria, llevamos años aplaudiendo a millonarios deportistas que cotizan sus medallas de oro en paraísos extranjeros y a empresarios como Florentino o Ana Rosa que escabullen sus obligaciones fiscales amparados en el invento de las SICAV. Y, la verdad, nunca nos han escandalizado tales comportamientos. Por eso, provoca hilaridad que algunos piensen que Hollande no debe apretar el cinturón a los ricos, no sea que se molesten.

En España los pudientes no llevan ni correa, se aguantan los pantalones con tirantes para que la gravedad no les deje al desnudo las vergüenzas de sus negocios y patrimonios, mientras el resto de los ciudadanos somos los portadores de ese cinturón fiscal único para salvar el país.

Además, quienes ya no alcancen el derecho a un trabajo indigno pueden ser obligados a colaborar en la extinción de incendios. El Gobierno de este país pretende tratar a los desempleados como esclavos desprovistos de derechos, cuando son trabajadores que han forjado su derecho al subsidio cotizando previamente más de lo que van a recibir, no cómo la improductiva Fátima Báñez que no ha trabajado en su vida hasta que, en compensación, la nombraron ministra del ramo.

No se, puestos a proponer despropósitos, que saquen a los presos de las cárceles –esos sí que son un lastre para el estado: Alojamiento, comida y atención sanitaria gratis- para ejercer de bomberos, o que convoquen para las ardientes faenas de apagafuegos a la enorme lista de defraudadores de Hacienda o morosos de la Seguridad Social. Sería un gustazo ver la foto de algunos presidentes de clubes de fútbol tirando de manguera.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Caída libre


A las siete y media de la mañana un pasajero del vuelo de Ryanair entre Madrid y Canarias abrió el periódico y al instante le sacudió una bofetada de aire podrido. Se ajustó las gafas y leyó atónito que Bankia podría necesitar más de los 19.000 millones de euros pedidos al estado, apuntan que 65.000. Súbitamente, en la cabina empezó a faltar el aire y los pasajeros se enchufaron a las mascarillas de oxígeno para superar la despresurización que causó la noticia.

Mientras perdían altura suplicaban un rescate y maldecían la parsimonia de un líder que necesita ser empujado al salón a saludar a sus viejas tías, como aquellos niños pacatos y repeinados que no se atrevían a pasar de la puerta cuando había visita en casa.

Antes del final feliz del aterrizaje de emergencia la memoria les jugó una mala pasada y resucitó la profecía que ayer hizo Obama: “Nuestro camino es más duro, pero lleva a un lugar mejor”, uno de esos mantras de almanaque que más que una postura política es un acto de fe ideológico. Se la podría aplicar Mariano como alternativa al eterno y cíclico ‘haré lo que tenga que hacer’ que tanta inquietud provoca en los mercados.

Una vez en tierra, algunos pasajeros sufrieron crisis de ansiedad. Probablemente aquellos que continuaron leyendo el periódico mientras esperaban las maletas, azotados por la zozobra constante de una realidad oscura, ridícula y adversa. La señora Cospedal se propone reducir las cortes a la mitad, consciente de lo incómodo que resulta dar explicaciones al Parlamento. No se plantea en cambio la necesidad de hacer lo mismo con su aparato de gobierno, dado que cada vez hay menos dinero que gestionar. Falta hace que cada vez sean menos quienes piensen, a la vista de los cáusticos efectos de algunas iniciativas como que el Ayuntamiento de Santander gaste dinero en enseñarnos a montar en bici o que Madrid y Barcelona siembren su futuro en dos Eurovegas. 

jueves, 6 de septiembre de 2012

Involución


El homo anteccesor, un ejemplar que vivió hace 800.000 años en Atapuerca, era tan canibal como algunos de los africanos que escandalizaron la pusilánime inocencia de nuestra infancia cocinando exploradores en aquellas ollas avivadas por las llamas de la imaginación de los tebeos.

Hoy dice el periódico que comía criaturas de otras tribus para marcar y ampliar su territorio. Miles de años más tarde, la conducta del ser humano se mantiene semejante. Ayer Contador se comió a Purito en una extraordinaria hazaña ciclista camino de Fuente Dé. Y hoy el voraz apetito de Angela Merkel aterriza en España con ánsias de merendarse al melindroso Rajoy, y a lo poco que queda ya de aquello que dicen que fue un estado de bienestar. Los bancos, las eléctricas y las telefónicas, herederas directas del canibalismo del homo anteccesor, reviven su particular Atapuerca fagocitando nuestras cuentas de ahorro y nuestra moral con comisiones, facturas de lecturas estimadas y sin estimar, timos e incumplimientos varios; con intereses hipotecarios vitalicios y demás inventos financieros para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, preservando así el ecosistema deprededador capitalista.

Para sacudirse del yugo de dominación del homo anteccesor algunos se hacen toreros -que es un cada vez más cuestionado canibalismo ritual proyectado sobre otra especie-, otros dan patadas a un balón, y el resto miramos y aplaudimos tratando de esquivar que nos abran los ojos los más de 70.000 pensamientos que nos asaltan a diario. 

Los científicos dicen que el cerebro humano ha reducido su tamaño en un 30 por ciento en los últimos 30.000 años. El equivalente a una pelota de tenis. Los primeros efectos son ya visibles en Putin, quien volará en ala delta para dirigir el vuelo migratorio de las cigüeñas de Siberia a Asia central camuflado con una bata blanca, para que las aves le confundan con su progenitor. Menudo pájaro.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El destape


Ahora que hemos tomado conciencia de que no habitamos un país con un tesoro público infinito, escandalizan ciertas prebendas que los cargos públicos disfrutaban con desvergüenza y desparpajo en el silencioso limbo de lo cómodamente amoral. Mientras hubo para todo nunca nos hicimos preguntas y los periodistas, al parecer, pasábamos por alto estas pequeñas grandes arbitrariedades y desafueros que ahora son noticia y antes no, tampoco se sabe por qué.
Hoy, en medio de esta pertinaz sequía financiera, hemos pasado al extremo contrario y nos causan escándalo y rechazo las mismas canonjías políticas que antes tolerábamos con indiferencia y que la mayoría de los ciudadanos ignoraban, gracias al fecundo trabajo de los medios de comunicación que no lo contaban. Son ellos quienes ahora se empeñan en destapar y destacar salarios, pensiones e indemnizaciones impúdicas. Pero solo ahora, cuando todo se desmorona y no antes, cuando acaso podrían haber contribuido a frenar una sangría con la que, presumo, muchos se apagaban la sed.
Ahora, al parecer, algunos de ellos también ejercen de indignados y lapidan en primera plana a quienes antes protegieron de luz de sus flashes y, gracias a este cambio de rumbo, los ciudadanos contemplamos atónitos la pornográfica radiografía política de este país.

En esta era del destape descubrimos –malversaciones y prevaricaciones aparte- que demasiados cargos públicos de este país abonados a instituciones y consejos de administración de cajas y empresas públicas llevan tiempo lucrándose de sustanciosas indemnizaciones, salarios por encima de sus capacidades, caprichos de lujo pagados con el dinero de todos y fabulosas pensiones.

Tras despedir a inútiles directivos de cajas de ahorro arruinadas con compensaciones millonarias, dos ex presidentes del Tribunal de Cuentas también reclaman al Congreso qué hay de lo suyo, es decir, que piden 180.000 euros cada uno como indemnización por haber dejado el cargo. Tampoco se queda atrás la ex defensora del Pueblo, María Luisa Cava, que ejerció el cargo en funciones y ahora que ha sido relevada también exige cobrarla. Todos los días se suma uno más.

La cuestión no es si Carlos Divar renuncia a su indemnización. La cuestión es por qué tiene derecho a ella. Si en lo público no hubiera indemnizaciones ni pensiones escandalosas no habría que asumir la vergüenza de pagarlas. Los cargos y representantes públicos en instituciones, cajas y consejos de administración deberían tener las mismas condiciones laborales que el resto de los trabajadores del estado, sin disfrutar de prebenda alguna. Ahora que azotan malos vientos descubrimos que todos ellos tienen derecho a ser indemnizados. ¿Por qué? ¿Por haber tenido la suerte de desempeñar un trabajo por el que ya han estado cobrando un generoso salario, en muchos casos sin tener que acreditar competencia formativa ni profesional alguna?

Ojalá el Estado fuera tan clemente con quienes de verdad lo necesitan. Porque mientras ellos se blindan con injustas pensiones e indemnizaciones a los demás nos aplican la reforma laboral. Por algo será que no la comparten.

martes, 4 de septiembre de 2012

El cielo de los 'sin blanca'


Hoy que conocemos que en España hay 38.179 parados más, correspondería difundir a cuántos desempleados se ha contratado en Alfoz de Lloredo con los gintonics solidarios a precio de saldo con limones de Novales que se tomaron los políticos populares este verano para recaudar fondos a tal fin.

A la postre, aunque singular y desconcertante, esta peculiar tómbola alcohólica -si acaso derivó en algo- es la única iniciativa directa para generar empleo que se ha puesto en marcha en Cantabria en los últimos meses, más allá de los recurrentes anuncios de que abrirán sus puertas una empresa que competirá con Hergom, una universidad privada y algún almacén comercial. Proyectos que se van dilatando y, que en todo caso, no podrán equilibrar el saldo negativo de la balanza de empleo cántabra sacudida por constantes regulaciones de empleo.

Mientras recurrimos a los gintonics como política de empleo, estamos a la espera de ver germinar los frutos de InverCantabria, con el mismo escepticismo con el que todavía esperamos recolectar alguno de su predecesor Plan de Gobernanza. Tópicos de legislatura; todos quieren tener un plan de gobierno para incumplirle, como ya hacen con los programas electorales.

En Santander ya hemos atravesado varias fases, primero fracasamos como capital cultural y ahora aspiramos a la inteligencia urbana, que vamos camino de trasmutar en su antónimo gracias a un alcalde que presume de que puede controlar desde su móvil que cantidad de basura por minuto acumulan los contenedores de la ciudad. Se trata, sin duda, de un conocimiento vital para el desarrollo de la convivencia urbana y del estado de bienestar. Supongo que, en paralelo a esta desconcertante iniciativa, unos paneles indicarán en tiempo real a qué contenedores se pueden dirigir quienes ya no cobran ni los 400 euros para rescatar yogures caducados y fruta podrida.

Sea, pues, bendecida la inteligencia de Santander pues –de otro modo- los indigentes, que cada día somos más, podríamos caer en la tentación de evocar la toma de Perejil y conquistar la isla de Mouro para reivindicar que aviones de la ONU nos lancen paquetes de ayuda humanitaria, como si fuésemos Bankia y nos lloviesen 4.500 millones de euros del Frob (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria), que es el cielo de los sin blanca.

¡Quién fuera banco podrido o comunidad autónoma saqueada! Con todas las instituciones que llevamos años manteniendo solo podemos llamar a la puerta de Cáritas. O a la de Carlos Divar, a quien –todavía- algún tonto, hoy, aplaude que renuncie a la indemnización que gastó por adelantado en hoteles, cenas y viajes de lujo que nunca pagó. Ni devolvió.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Difuminados por el absurdo


Resulta absurdo que para soslayar mentalmente esta vuelta al cole tan amarga hoy estemos más pendientes de la tristeza de Ronaldo que de los desahucios, el paro, el IVA y la prima de riesgo. Hoy dicen los periódicos que Alemania cree que Rajoy se equivoca de prioridades. España también. Acaso él constituye ya la única excepción y nos conduce como un perro pastor ciego y desorientado hacia el fondo del precipicio económico en el que vivimos permanentemente precipitados.
Dicen que Mariano se confunde al presionar para que baje la prima de riesgo, en lugar de bajar el paro con alguna de esas recetas mágicas que dijo tener para ganar las elecciones, y que han resultado una fórmula inversamente proporcional al objetivo inicial.
Quizá por ello, en una irracional huida hacia delante, no ve más solución que echar leña al fuego en una desconcertante espiral del ridículo. Y resulta que, por ejemplo, vamos a poner más controles -y a tratar como estafadores- a quiénes cobran 400 euros que a los políticos metidos a banqueros que se blindan contratos y pensiones millonarias. Mientras a determinados funcionarios se les paga con dinero público sanidad privada –véase el Ayuntamiento de Santander que emplea 1,2 millones de euros en cotizar al Igualatorio por sus empleados-, al resto de ciudadanos se les recortan prestaciones, medicinas y asistencia. Y, puestos a aliñar esta ensalada de despropósitos, Mariano incrementa el IVA, para que si ya nos daba miedo consumir, ahora el pánico a los números rojos lo reduzca a la mínima expresión.

El sentimiento de inutilidad de este estado de derecho y social tan ponderado por los teóricos se extiende al resto del mundo. Europa se afana, con poca intensidad y menos éxito, en controlar un poroso embargo de armas a Siria, mientras desperdicia energía en  garantizar que ninguno de nosotros se suba a un avión con más de cien mililitros de aceite de almendras dulces o tónico facial.

Creo que es una profecía: Después de la era Mariano vamos a quedar de difuminados como el Ecce homo de Cecilia, borrosos, desdibujados. No nos van a conocer en Europa. Estamos en camino. El rey da un manotazo a su chófer, un diputado popular las pasa canutas con cinco mil euros al mes y resucitamos el impropio debate de la segregación de los alumnos por sexo mientras estallan las esperanzas de la primavera árabe con la imagen de una mujer con velo presentando por primera vez el telediario en Egipto.

La distracción alternativa que nos ofrecen es peor: Bolinaga o Bretón. Al final se comprende que miles de españoles vivamos hoy pendientes de un folletín futbolístico, la realidad paralela de la fingida melancolía de Ronaldo.

La mejor noticia del periódico es que nos espera una semana anticiclónica, aunque de momento, que raro, parece una de las predicciones de Rajoy, porque avanza la mañana y aún no ha salido el sol. 

viernes, 3 de agosto de 2012

Último café con Teresa


Siempre hay algo más importante que hacer y a la vez menos urgente que tomar un café con un amigo. Lo confieso por el dolor que me causa no haberme tomado el último con Teresa. Por haber ido posponiendo una cita y compartiendo solo algunos encuentros casuales cargados de buenas intenciones de futuro.
Teresa siempre me animó a escribir, no escatimaba energía para motivarme a escribir con el lápiz de Penélope que yo estrenaba entonces. Me ayudó y me dio confianza en esos tránsitos vitales en los que se agotó la tinta. Entonces ella sacudía y estimulaba la pereza y el miedo al papel en blanco. Era más entusiasta que yo.
En realidad fuimos tejiendo una intimidad improvisada en aquellas visitas que hacía a la redacción para acompañar a su marido, Juanjo, nuestro cronista gastronómico. Entonces nos empleábamos a fondo en conversaciones en las que invariablemente diseccionábamos con irónico estilete la actualidad. Le hacíamos la autopsia al Hola y a todos esos personajes que desfilaban por el escaparate de sus páginas que ella retrataba con lúcida mordacidad.
Pero era solo una evasión para una persona que reunía inteligencia y talento, y que desempeñó de manera brillante y con rigor su profesión, faceta que solo conozco de manera más ligera, puesto que yo he conocido a la Teresa afectuosa, cariñosa, divertida, locuaz, mordaz. Se que fue sobre todo una buena persona, que además forjó una trayectoria profesional relevante que cuenta con el reconocimiento de sus compañeros y del estamento jurídico.
Nos hemos reído mucho juntas, disfrutando yo de ese humor y esa ironía que gastaba a raudales, de sus sonrisas, de su afabilidad. Desplegaba una complicidad explosiva y una conversación enérgica y lúcida.

Las palabras causan un dolor tremendo aunque no se pronuncien. Lo se porque ayer me desperté con la lectura de su despedida en la prensa. Y por primera vez odié ser periodista, odié esa innecesaria falta de intimidad que ayer desnudó su adiós, y arranqué la página, la arrugué y la volví a estirar para volver a leer incrédula el dolor que escupían esos párrafos.

En su cuaderno vital quedan muchas páginas que ya no podrá escribir. Lamento no haber tomado más cafés, no haber llamado con mayor frecuencia, no haber disfrutado más de su compañía. Lamento que uno de sus sueños incumplidos haya sido escribir un artículo juntas, ácido, mordaz, vitriólico. De ese texto a dos manos que siempre imaginábamos construir. Lo han tenido que escribir mis lágrimas que hoy fertilizan este papel con otras emociones más sombrías que las que ayer quisimos inventar. 

jueves, 2 de agosto de 2012

Peligrosamente vulnerables


Un amigo en la infancia de su comunión compartió catequesis con un niño que, un día, cuando el cura planteó la archisabida cuestión ‘¿tú que quieres hacer de mayor?’, respondió con aplomo: “Vivir sin pensar”. Julito lo tenía muy claro. Acaso esas jornadas de catequesis iniciándose en profundidades tales como de donde venimos y adonde vamos habían confundido al pequeño, que solventó la duda entre razón y fe por la línea más corta y decidió aspirar a un futuro sin preguntas. Ya se dice que pensar genera mucha insatisfacción y el infante Julito decidió que la felicidad consistía en cuestionarse lo menos posible.  

Probablemente solo ese tipo de renuncia personal genera una sociedad capaz de dejarse dominar por los caprichos de los poderosos. El silencio puede ser cómplice de los peores males. Por ejemplo, si el Gobierno nos amenaza hoy con usar el artículo 155 de la Constitución, para tomar el control de las comunidades autónomas, nosotros podemos responder con el 35 y el 47, y reivindicar el derecho al trabajo y a una vivienda digna que nos asiste. Pero, si una vez más, nos callamos y dejamos hacer seguirán apelando únicamente a los derechos que les convienen y fabricando leyes nuevas a la medida de sus intereses.

Gracias a que en España proliferan los ‘Julitos’, el estado ha despojado a los más débiles de derechos y protección y, ahora, la mayoría de los ciudadanos de este país, somos marionetas de un ultraliberalismo feroz, estamos en manos de los poderosos que dominan un mercado que los políticos se niegan a regular para que puedan exprimirnos con todo tipo de tropelías, mientras nosotros nos atrincheramos en el silencio, en la mansedumbre o en el Chinchón, si es que aún podemos permitirnos olvidar las penas en la barra del bar.

Este país ha cambiado mucho en los últimos meses, y hoy no es ejemplo de nada. Se ha practicado una política de austeridad que consiste en despojar de derechos y amparo a los más pobres, para que los políticos y los ricos puedan seguir manteniendo sus privilegios. Como esos tres mil euros en taxi que pueden gastar los diputados nacionales que no tengan coche oficial, por mencionar un extravagante ejemplo.

Hoy nos dicen que el recibo de la luz tendrá un recargo de entre 50 y 90 euros al mes hasta diciembre, que a partir de septiembre se suma al incremento del IVA. Y los ciudadanos no bajamos los plomos en señal de protesta. No, cada vez más Julitos españoles admiten que su respuesta ha sido dejar de ver las noticias. Como si esta actitud, de ignorancia y pasividad, hubiera abierto alguna vez una puerta a la esperanza y la justicia a lo largo de la historia.

Somos, pues, una piel de toro mansa, sin efervescencia. Y eso nos convierte en peligrosamente vulnerables. No nos sacuden las injusticias, ni las primaveras revolucionarias, ni el espíritu de libertad de quienes se levantan en armas en Libia o Siria.

Hace trece días Bielorrusia fue invadida por un ejército de ositos de peluche. Un avión sueco cruzó el cielo lanzando cientos de muñecos con mensajes pacifistas. Bombardeaban de manera simbólica la dictadura europea del extravagante Lukashenko, con la que varios países de la UE tienen acuerdos comerciales. Por supuesto, también participa en Eurovisión y compite al fútbol en la copa de Europa. A los gobernantes de esta vieja Europa en catarsis poco importa que los bielorrusos no sean libres. Pero ya se sabe que el liberalismo ni tiene fronteras, ni escrúpulos.

miércoles, 1 de agosto de 2012

El lado oscuro del Mediterráneo


Todos los días, a las once de la mañana, la librería del Ministerio de Defensa cierra la media hora de café que se toma su responsable, una señora que trabaja de nueve a dos. Es un tentempié matinal difícil de digerir para el común de los ciudadanos. Pero si miramos para otro lado, hay algo obsceno en esas escenas de vacaciones en el mar de Marivent, donde la familia real flota indolente al calor del verano en yates de lujo y Sofía va de compras y conduce un Mercedes por las calles de Mallorca.
Dicen que han renunciado a utilizar el megayate Fortuna –no iba a llamarse Pobreza- porque llenar el depósito cuesta 26.000 euros, osea 65 subsidios para parados sin paro de los que se quiere cargar Rajoy. Y se han dado cuenta ahora del despilfarro, cuando han estado años tirando de la gasolina pública.
Lo más hilarante es que para aparentar falsa austeridad dicen que navegan en un ejemplar más modesto que rebajan al calificativo de lancha, a pesar de que en la proa cabe y sobra toda la prole de Urdangarín, siempre dando ejemplo. Si Iñaki no dimite de yernísimo, la alcaldesa de Alicante tampoco piensa dimitir si se confirma su imputación por tres delitos graves: Cohecho, tráfico de influencias y revelación de información privilegiada. En ese lado oscuro del Mediterráneo, a los hijos políticos de Camps y Fabra, no les parecen razones suficientes. Si hasta ha hecho falta un mandado judicial -contra el deseo de Rita Barberá- para que, treinta y seis años después de muerto, el dictador Franco deje de ser alcalde honorífico de Valencia.

En la capital del reino, Moliner empieza con mal pie en el Supremo: Invitando a comer al ministro Gallardón en el comedor construido por Dívar en la sede judicial y que no llegó a estrenar, con tanto ajetreo marbellí. Algún día el paranormal fenómeno Iker Jiménez podrá desvelar el enigma de por qué esta gente no puede reunirse en horario de trabajo y comer en su casa -a quienes le espere allí un plato, que cada día más recurren al comedor social-.

Tantos indicios de confianza en el país generan una réplica bipolar interna: Entre los pobres, incrementan la indignación; y entre los ricos, la fuga de capitales. En seis meses acaudalados ciudadanos de toda condición han sacado de España 163.000 millones.
El Comité de Derechos Económicos de la ONU asegura que la congelación del salario mínimo no permite un nivel de vida digno en España. Pero no pasa nada. La reina y sus nietos al sol de Marivent; Urdangarín en su palacete de Pedralbes; Moliner y Gallardón de sobremesa; el Gobierno de Cantabria encargando otro informe, y otro, y otro, así hasta que uno le de la razón y se puedan volver a abrir las cuevas de Altamira; Ángel condenado a vivir sin Paquita tras cumplirse la amenaza de un inútil y desconcertante exilio a Laredo; y pregonamos orgullosos que la Fundación Comillas tendrá una academia del agua, precisamente cuando el proyecto hace idem.

Todavía hay quien saca pecho y abunda en el descrédito. “En Cantabria no hay muertos que tengan su tarjeta sanitaria activa”, se felicitan quienes mandan. Lo grave es que hay vivos que tampoco la tienen.

martes, 31 de julio de 2012

De Pololas y Pitucas


Polola, Conchitina, Chachita, Coti, Maripi. Cada verano una brigada de ‘cuquis’ y ‘pitucas’ se asoma a las páginas de la prensa, en los pies de foto de esa feria taurina fracasada que ya está madurando recortes para próximos Santiagos. Este año ha costado tres millones de euros, y las ausencias en las gradas de la plaza han reflejado la falta de ánimo y de dinero para estos cuestionados espectáculos de sangre y arena. Solo los políticos resisten en la barrera, porque les sale gratis, igual que a la mitad del tendido.
En Santander, las entradas se regalan con alegría y solo algunos ingenuos sin recursos pagan por ir a los toros, al Festival Internacional y a los conciertos, en esa zona esperpénticamente denominada VIP, donde los del todo incluido gratis se hacinan a la caza de un canapé y una copa y se mezclan con cuquis y pitucas de norteño pedigrí. El que paga no es nadie.

Si la Feria se apaga, únicamente lamentaré que ese ejército de Maripis y Tinucas desaparezca como especie si no encuentra otro hábitat en el que reproducirse y lucir palmito. No se si en otras ciudades de España las señoras declinan sus nombres hasta derivar en Chini, Cani o Pitu, o si, por el contrario, es una seña de identidad de la burbuja SmartSantander que habitamos.

A veces me pregunto a qué se dedican las cuquis y pitucas de Santander en el invierno, durante los seis meses de tinieblas de Mordor que padecemos. Solo se que con los primeros flashes resurgen de su invierno y brotan espectaculares en los eventos de sociedad. Probablemente hasta nos distraen un poco de ciertas metáforas estivales de barquitos a la deriva en el mar de la prima de riesgo, a las que recurren políticos con poca chispa. Probablemente, Polola y Conchitina organizarían un rastrillo benéfico para comprar unas gafas de aumento a Rubalcaba, que ayer dijo que se ve con opciones frente al Gobierno de Rajoy.

Si yo quisiera desacreditar a alguien, diría de él que lee a Pío Moa. No concibo desvarío más grande. Ni siquiera dejar que te llamen Polola.